martes, 24 de noviembre de 2009

Los Costos del Paro Regional de Apurímac


Van diez días de paro regional y la protesta socio política ya pasa la factura de diversas formas.

En principio, lo que se podría venir, de escalar más el conflicto, es el riesgo para la seguridad de las personas y esperemos, no suceda, la pérdida de vidas (si ya no ocurrió), aspecto que no tiene precio.

El paro iniciado el pasado 11 de noviembre ha ocasionado el cierre de hospitales, colegios y otras entidades públicas que ya generan altos costos sociales para población. La suspensión de clases en una región donde el déficit en horas lectivas ya es un problema, agudiza la situación escolar, pues es casi seguro que ni siquiera se lograría igualar el promedio de horas de clase del año pasado (unas 950 horas). Los servicios de salud, paralizados casi en su totalidad, ocasionan también altos costos para una población donde el acceso a los servicios de salud y cobertura es de las menores del país (según el IDH la esperanza de vida al nacer de un apurimeño es de 65 años, frente a 72 años nacional) 1/.

El otro costo es el político. En Apurímac la construcción de consensos en sí mismo ya es un problema. Establecer una cultura de diálogo y entendimiento entre los múltiples actores de la región es un proceso de largo aliento, especialmente cuando el panorama institucional es complicado. Esto tiene su reflejo en el ánimo de la población, que al parecer ha perdido la confianza en sus instituciones. En este escenario político la figura que se debilita (nuevamente) es la del Presidente del Gobierno Regional. Esta institución ya venida a menos por sucesos de años anteriores, nuevamente está en el ojo de la tormenta. Preocupa, no la persona, sino la institución y lo que representa.

¿Seguimos cometiendo los errores históricos de elegir al equivocado? El debate ya se debe estar procesando como producto de este paro, pues no es el sujeto solamente, son el sistema y las instituciones.

En este escenario de débil gobernabilidad siempre hay sitio para los oportunistas políticos y los violentistas. Para muchos es “difícil” tomar el camino de consensos y aportar a objetivos comunes, pues los réditos políticos no son inmediatos. Es mejor para estos líderes apelar solamente a la breve ruta de la protesta violenta, que enarbola banderas de lucha de reivindicación chauvinista y antisistema. Aún cuando ello enfrente a pueblos que deben caminar hermanados.

La situación es muy complicada. Por un lado se tiene a un fatuo presidente regional que persiste en su actitud prepotente, que no es capaz de encarar con humildad una situación de la que él es culpable en gran parte. A veces un gesto de modestia es suficiente. Por otro lado se tiene a un frente de oposición difuso, que ya ha cambiado la agenda de negociación. Ya pasa de la demanda de cambio en el presupuesto a pedir la vacancia presidencial. Cabe dejar una pregunta para la psicología: ¿no hay también en ellos prepotencia y egocentrismo?.

De otro lado, el costo que muy poco se menciona es el económico. Se estima que el presupuesto en conflicto es de 60 millones de soles, que en teoría deberían haber sido distribuidos para cada provincia. El producto bruto interno (PBI a precios corrientes) de la región es de 1,261.15 millones de nuevos soles (cifras INEI 2006), de los cuales 824.87 millones de soles corresponden a los rubros de manufactura, construcción, comercio, transportes, restaurantes y hoteles, servicios gubernamentales y otros servicios.

El paro regional ha afectado sobre todo los servicios mencionados, paralizándolos casi totalmente. Quiere decir que diariamente la capacidad económica de producción de dichos sectores se vio afectado en 2.3 millones de soles, que multiplicado por diez días de paro regional (hasta ahora), se habría afectado el PBI regional en 22.3 millones de Soles. Es decir se ha dejado de producir el 40% del presupuesto por el que se pelea, que se refleja en la perdida de ingresos. Si sumamos a ello el costo directo del paro como la movilización de población y de policías y su manutención. Así como el costo de las secuelas post paro, como la necesidad de reparar la propiedad pública y privada dañada, es posible que estemos pasando el monto en disputa (60 millones). Si nos centramos solo en una mirada económica, los costos han sido mayores que los beneficios.

El paro es la expresión de un sistema democrático en permanente evolución, y dentro de ello es redimible la movilización social como expresión de descontento y participación; pues sí hay derecho a la protesta e indignación. De hecho, las grandes reformas se han hecho gracias a la lucha popular, y en el crecimiento de las sociedades a veces son necesarias las crisis. Pero cuando esta lucha va quitando piso a la razón y cede el paso a la intransigencia, el desorden e intolerancia, lo que se pudo obtener como beneficio, solo dejará elevados costos en la sociedad.

Finalmente me pregunto, qué estarán pensando aquellos que alguna vez lucharon por la descentralización y la regionalización y exigieron más autonomía para las regiones. ¿Esto es un producto de la descentralización? Lamentablemente aún no hemos encontrado la capacidad de solucionar con diálogo inteligente nuestros propios problemas. Visto así, y de no establecer un antes y un después de este paro, solo queda decir, ¡hasta el próximo paro!


"El Greco"
1/ IDH, Índice de Desarrollo Humano. Forma de medición empleada por el PNUD para evaluar el avance de los países respecto a alcanzar sus metas de desarrollo humano.

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